
Loco por la liga
María de Miguel Gallo
En el mundo de la noche, sólo unos elegidos jugamos en primera. Y es que, pese a mi fachada de gañán de discoteca, colecciono plusmarcas en deportes de interior. Ya lo decía Pelé, que con las mujeres hay que jugar al ataque: en el fondo se mueren por unos calzones.
Apunté maneras desde jovencito, cuando empecé como alevín en categoría regional; de toda mi cuadrilla, era yo el más animado a la hora de hacer regates entre el sector rosa de Discoflash, que era la boîte más popular de Carabanchel y la única en la que no nos pedían el carné para entrar. En aquella época, ver una curva femenina y pensar en el área de meta era todo uno.
Quizá me traicionara el exceso de tiros libres que, las más de las veces, terminaban en golpes francos. Digamos que, como jugador, resultaba poco elegante.
A medida que fui ganando en aplomo y -por qué
no decirlo- en galanura, fui adquiriendo versatilidad. Me acostumbré
arecorrerme la disco palmo a palmo o a bulto, según.
Extremo derecho, extremo interior, delantero centro: lo importante era que,
con cuatro pases, se pudiera tirar a puerta (y no dar en el larguero, claro).
La estrategia tiene sus trucos. Lo fundamental es estar bien entrenado y mostrar el dorsal, para que no te pierdan la pista.
Ya vendrá después el marcaje, tanto más grato cuanto más complicado. Localizada la presa, antes que nada debe uno comprobar que no haya guardametas en la costa o, si los hubiere, que éstos sean fácilmente esquivables. También debe descartarse la presencia de suplentes con mayores dotes en el medio campo, so pena de arrimarnos al grupo de descenso.
Vencido este preludio, llega la internada propiamente dicha. La clave consiste en tomarse un buen reconstituyente, dejarse embriagar por la música y encargarse del saque inicial; de frente, si el terreno parece llano, o de banda, si la cosa se presenta brava. Como medida de precaución, aconsejo cautela y pocos tacos, pues no es raro que al principio ellas se muestren a la defensiva y les dé por el despeje, sea de puño o de pie.
Que haces una incursión por la banda, te sacan
por la esquina. Que intentas el regate, te quedas en fuera de juego. Que tiras
a meta, toma saque de castigo. Y a la mínima, amonestación. Ante
todo, por más que uno se vea abocado al banquillo, no hay que amilanarse:
a las mujeres -lo sé yo- les pirran las prórrogas.