Gol
Carlos Rodríguez

Me situé en la posición de medio centro. Allí recibí la pelota. Avancé hasta medio campo sin encontrar un compañero dispuesto a recibirla. Seguí adelante. Era extraño, nadie se desmarcaba y nadie me la disputaba. Paré en seco y levanté la vista. No entendía por qué ningún delantero de mi equipo buscaba una posición más adelantada que la mía, pero no era el momento de ponerse a filosofar. Decidí amagar un pase y lo hice, pero resultó un movimiento inútil, pues ninguno de mis compañeros se ofrecía. No me quedó mas remedio que continuar. Me adentré en diagonal en territorio enemigo y me dio por pensar que si cualquiera de mi equipo hubiera intentado hacer lo mismo lo más seguro es que hubiera tenido que regatear a dos contrarios y eludir las patadas y empujones a los que el rival nos tenía acostumbrados. ¿Qué ocurría? ¿Olía mal o algo parecido?

Pisé el balón y por segunda vez levanté la vista del suelo. Estaba a punto de llegar a la esquina exterior del área grande.
- ¿A quién se la paso? - pregunté a grito pelado.

Contemplé cómo todos los jugadores se quedaban parados, expectantes, e intuí que sólo había dos posibilidades: o bien seguía hacia el banderín del corner y esperaba la incorporación de los delanteros de mi equipo para intentar un centro o el pase de la muerte o bien penetraba en el área y hacía yo todo el trabajo. Como se prestaba más al lucimiento preferí la segunda disyuntiva, de modo que, tras amagar dos pases imposibles, empujé la pelota y seguí su trayectoria hacia el portero. No fue difícil; cuando la bola iba a llegar mansamente a sus manos, metí la puntera y rematé con todo el alma. La pelota se elevó hacia la escuadra, golpeó en la red y volvió a salir botando del área pequeña, hasta que se quedó completamente quieta a la altura del punto de penalti.
- ¡Gol, gol, gooooooooool! - grité encantado -. ¡Gol, gol, goooooooooooool!

Abrí los brazos para esperar el abrazo de los míos, pero nadie se acercó a mí salvo el portero. Todavía lo estoy viendo. Me cogió la cabeza entre sus manos enguantadas y mirándome a los ojos me dijo enfáticamente:
- Acabas de marcar en propia puerta. ¿Te enteras?, capullo.