Quijote.- Ah, Sancho amigo, ¡tú que me comprendes!
¿Qué hay de cierto?
Cuanto más vivo creo estar
a pesar de no haber muerto.
Paso de entuerto en entuerto,
apaleado como siempre, es mi azar.
¿Crees que, ¡en buena lid!, la historia me ha de juzgar?
Sancho.- Mi señor Don Quijote, vuesa merced impone respeto.
«Tamaña» hidalguía bajo esta armadura guardada,
no necesita lanza ni espada.
Más bien creo que, vuestra silueta dibujada
será el orgullo de la caballería.
Quijote.- ¡Me adulas!, fiel escudero,
tu lealtad será recompensada.
Ínsulas y riquezas por mí conquistadas.
Sancho.- ¿?
Quijote.- ¿Acaso dudabas?
Sancho.- Mi señor, ¡que están pasando los años!,
que no lo veo del todo claro.
Las Ínsulas escasean, y los vellones, no digamos.
Vuesa merced come poco,
yo en cambio, no paro.
La sin par Dulcinea, de esperar se está cansando.
Que los tiempos cambian.
¡Mi señor, que celebramos otro centenario!
Y tal como corren los tiempos, igual se busca un cubano.
Quijote.- No porfíes con los tiempos, deja que vallan pasando.
Soy el caballero de la triste figura,
siempre con mis armas velando.