¡Quien quiera morir bien que sepa vivir bien primero!
Tres aspectos hemos de cuidar: el pensar, el sentir y el actuar bien.
Todo nuestro sacrificio será ofrecido a nuestra Dulcinea interior, nuestra Alma que ansía ser liberada. Y al controlar nuestro cuerpo, Querido Sancho, ya podemos cabalgar sobre nuestros sentidos y pasiones para lograr controlarlas.
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El Quijote,
Piensa, siente y actúa por su bella Dulcinea y es a ella a quien ofrece sus desvelos y añoranzas, aunque es bien sabido que ella es Aldonza, la ruda campesina.
Pero para conquistarla, no le queda más que luchar contra sus propias pasiones y miedos, sus monstruos mentales, sus gigantes molinos de viento y sus panzudos odres llenos de muertos sueños. No le falta en esta lucha su inseparable y fiel cuerpo físico, su amigo Sancho Panza, quien todo quiere pero al que no todo le es lícito.
El Quijote PIENSA que...
La mejor razón para vivir es creer en la pureza del Alma prisionera, la bella Dulcinea.
La principal tarea es atender al deber, cuando el placer le llama.
Su único destino es luchar contra sus propios defectos, que en su totalidad son mentales.
Su horizonte está pintado con propósitos deslumbrantes, reflejos de su Amada.
El objetivo más loable es alcanzar la Gloria en el cumplimiento del deber. ¡Por eso es un caballero andante!
El Quijote SIENTE que...
Su sufrimiento sólo es aceptable en la esperanza de pronto encontrar a su querida Dulcinea.
Su cuerpo, fiel compañero y regordete Sancho, le pide a veces más de lo conveniente, pero es bueno domesticarlo para que se tranquilice.
Que ya es hora de despertar, derribar los molinos del engaño y matar odres llenos de espantos, y ofrecer sin más ni más la lucha a su Suprema Dama.
El Quijote ACTÚA porque…
Sabe que la Cruzada mejor ganada de la historia es la campaña contra la Gran Farsa en la que lo mantienen cautivo los sentidos.
Ha descubierto que su «locura» es la más clara victoria contra el engaño llamado «cordura de la civilización moderna».
Por el amor a Dios y a su amada Dulcinea, le visitaron muchas veces las sabias y etéreas compañías de la soledad y la voz de su silencio interior.
Está seguro que la mejor contribución a la vida es servir al prójimo, a sabiendas que servir al que ve, es servir al que no ve.
ÚNICA arma : una espada de dos filos: orar y hacer («a Dios rogando y con el mazo dando»). Trabajando para adentro y para afuera. Controlando los sentidos afuera y elevando la conciencia para adentro.
ÚNICO sentido a desarrollar: el del corazón que nos permite ver lo esencial.
ÚNICO libro a seguir: viejos «signos y huellas» dejados por grandes Sabios que en otrora fueron.
ÚNICO límite : hasta donde la luz del alma le permita llegar.
ÚNICA oportunidad : esta vida .
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Quien vive conforme a su Ideal, es un Caballero (un Quijote), un ser que tiende a luchar contra sus propios miedos, ilusiones puestas para quedar atrapados y no dar pasos más adelantados. Un Caballero no distingue género, edad, ni raza, porque en el Alma no se marcan estas diferencias. Siendo el Quijote, el puente tendido entre las bestias y los dioses, y siendo el Caballero un Ideal de perfección que se quiere alcanzar, se sella un pacto de lealtad entre el corazón y la razón, sobre el papel invisible del Amor a Dios, a su Alma y a su Prójimo.
¡¡¡un caballero andante sobre esta tierra, no es nadie más que tú!!!