edición personal

 

 

 

La Otredad en  El lobo estepario, por Ronald Urquizo

Herman Hesse nos presenta a Harry Haller como un sujeto misterioso del que no se sabe casi nada de su pasado y se duda de su futuro. Es más, Hesse recrea la vida de Harry sólo durante un breve espacio de tiempo y en un determinado lugar sin dar mayores referencias. Solamente se tienen sospechas vagas del pasado de Harry, como la de que fue un burgués que hizo suficiente dinero como para pasarse la vida vagando sin rumbo por diferentes lugares del mundo. También se sabe que en determinado momento fue un respetado académico. Pero lo interesante de Harry y útil para nuestro propósito no radica precisamente en su pasado ni en su futuro, sino en su constante lucha con el presente, una lucha que principia con feroces combates internos que finalmente desembocan en una tensa relación con su entorno social. Haller es atrayente a partir de estas sus luchas internas consigo mismo y sus repercusiones externas que son casi misantrópicas con su entorno social. Su enemigo interno es él mismo y a la vez es otro: el lobo estepario. Su enemigo externo es la sociedad y su determinado periodo dominado y representado por la burguesía. Es por estos motivos que aludimos a la novela El lobo estepario de Herman Hesse como una obra en la que la otredad se presenta ya no sólo como una idea de un hombre sobre o en relación con otro hombre en mutua afectación, sino como un problema o relación dual dentro de un mismo hombre; es decir “la otredad dentro de uno mismo”.

La otredad es tomada como la construcción de la identidad de un individuo o una colectividad a partir de su relación con otro individuo u otra colectividad. Esta construcción de la identidad puede estar mediatizada por el complemento con el Otro, la enemistad con el Otro o la igualdad con el Otro. De esta manera es que la otredad existe sólo a partir de la existencia de Otro, de Otro que se halla fuera y externo a uno mismo. Así, dentro esta línea, no se puede dar lugar a que el Otro pueda existir dentro de uno mismo. De romper la línea y ejecutar lo contrario inevitablemente nos encontraríamos ante el hecho de considerar al ser humano, ya no como una entidad individual y singular que posee un alma, un corazón, una personalidad, etc., sino como un conjunto de personalidades, de almas, etc., como una pluralidad de seres conviviendo e interactuando en un cuerpo.  

El hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas -¡especialmente a sí propio!-. Pues a lo que parece, es una necesidad innata y enteramente fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad (Hesse, 2002: 52).

A partir de esta nueva concepción, fundada en Hesse y, que deja de lado a la unidad del ser es que podemos entender al Otro dentro de uno mismo. Pero para que exista el Otro es necesario que mínimamente exista la consabida dualidad o bipersonalidad de un ser. Ya lo dijo Mefistófeles en Fausto: “Hay viviendo dos almas en mi pecho”; y se lo ve y entiende más claramente en nuestra obra elegida y en las palabras de su autor:

Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry; muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí a dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento, tan hostiles y tan confusos lo uno junto y dentro de lo otro, como estaban en Harry el lobo y el hombre (Hesse; 2002: 40).

El hombre y el lobo. El lobo: los instintos, la fiereza, la crueldad y la naturaleza subliminada. El hombre: las ideas, los sentimientos, la cultura y la naturaleza dominada. Ambos, hombre y lobo, son la identificación de Harry Haller y por eso mismo ambos son separación y reconocimiento. Separación en el sentido de que cada uno se autorealiza y contempla la autorrealización del otro que siempre es diferente. Reconocimiento, en el sentido del complemento opuesto que cada uno representa para el otro.

Asimismo, la confrontación con la otredad en Harry escapa a la confrontación del hombre contra el hombre, teorizada por Hobbes. Esto debido a que en Haller, el hombre y el lobo no se enfrentan a causa de la satisfacción de sus necesidades sino a causa de la multiplicación de sus seres, algo así como la reproducción de células a partir de dos; de tal forma hombre y lobo se enfrentan porque necesitan complementarse y multiplicarse e ir más allá de la dualidad. Consecuentemente, cada uno representa al otro en una constante lucha por complementarse. De esta forma, este tipo de otredad presentada por Haller va más allá de la mera relación del individuo con su sociedad circundante. La otredad de Harry parte en él mismo y se extiende hasta llegar al divorcio con su entorno burgués.

Finalmente, la otredad en El lobo estepario se presenta no en el-ser-en-el-mundo, sino en el-ser-en-el-mismo. Y dentro de la categoría de Heidegger, Harry al ser “uno con otro” escapa a la tesis de que tras la máscara del “uno para el otro” actúa un “uno contra el otro”, ya que si bien existe una máscara ésta es la de el “uno contra el otro”, que al final cae y se ve que en el fondo, tanto el lobo como hombre se buscan para ser “el uno para el otro”. Y esta relación directamente lazada por la otredad entre lobo y hombre tiene como último eslabón a la empatía mutua. Y la empatía es el máximo grado de la otredad que sólo se logra y se muestra perfecta ante nosotros en Harry Haller. He ahí la importancia de la otredad en El lobo estepario. 

Bibliografía
HESSE, Hermann, EL lobo estepario, 2002, Buenos Aires: Ed. Sol 90
NAVIA, Walter, “Los otros en la filosofía”, Revista Escarmenar Núm.  1, Ed. Plural.